Durante casi un mes le dolió, María había abierto su corazón y dio el primer paso. Pidió un beso después de hacerle saber a León que le gustaba. "También me gustas- dijo él- me gusta platicar y pasar tiempo contigo, pero ¿qué vamos a hacer?, los dos estamos en una relación, aunque eres una gran tentación".
A María no le importaba, desde hace mucho tiempo se propuso no arrepentirse de nada y a partir de ese decreto no se le había presentado una situación que pusiera a prueba su compromiso con él.
Esa, la noche en que León la rechazó, María creyó que era su oportunidad, estaban lejos de donde les conocían, tuvieron una escapada de amigos, León bebió algo e invitó a María a acompañarle, pero María no quería tener la consciencia nublada, quería tener pleno conocimiento de lo que sucediera.
Pero nada pasó, León la sermoneó y al principio ella le tuvo admiración por ser fiel a su pareja, luego esa admiración se convirtió en frustración, la frustración en enojo y dejó de hablarle así sin más.
Aunque León trataba de acercarse, María no podía siquiera sostenerle la mirada, sus platicas se convirtieron en conversaciones monosilábicas y eventualmente el tiempo juntos se terminó.
El tiempo alejada, le dio la oportunidad a María de pensar, de poner su mente en calma y finalmente descubrió que aunque le dolía tendría que vivir con ello. Le gustara o no León tenía razón, ambos tenían una relación y sus respectivas parejas merecían respeto.
María no volvió a tocar el tema, pero siguió evadiendo a León en cada oportunidad que se lo encontraba, y en ocasiones le dolía pensar que a él no le importaba perder la amistad que tenían y recuperar esas pláticas interminables, los mensajes con música a recomendar y las confesiones que pondrían en riesgo sus relaciones formales.
María no quería todo de vuelta, solo quería poder ver de nuevo a León a los ojos y abrazarlo, sentir que su diferencia de edades no importaba.
María no sabía lo que pasaba por la cabeza de León, hasta que un día él le solicitó conocer los motivos de su distanciamiento, "me puedes decir porque ya no quieres ni dirigirme la palabra"; "no puedo-respondió ella a bote pronto- pero si deseas que hablemos, hablaré".
En esa reunión a verdad abierta, León trató de convencer a María que no podía perderse la amistad por un rechazo; María creyó que con eso León eludía sus responsabilidades afectivas, él no sentía lo mismo por ella ni entendía que a María le dolía sentirse humillada.
Sin embargo tomó con filosofía la plática y agradeció que León quisiera retomar su amistad, de ese modo María se propuso dejar que la chispa se extinguiera, platicaría con León, pero se mantendría al margen de cualquier coqueteo y así lo hizo.
Un día León le envió un mensaje: “Volví a soñar contigo”; la gente primera vez que León le envió un mensaje similar, el sueño había reflejado la amistad que él sentía por ella y como los sueños son carecían de coherencia, aunque no de significado. A María le hizo mucha gracia el relato del primer sueño y pensó que este sería similar ahora que ambos habían retomado la relación cordial.
Nos besarmos- soltó en corto, León-; cómo-reviró María- y él detalló la situación: había ocurrido en un parque, quizá porque muchas veces prometieron ir juntos a escribir, actividad que ambos disfrutaban; ella usaba vestido y maquillaje, de la forma en la que León nunca había visto a María porque ella prefería la comodidad extrema.
"Yo te dije que tú tenías la culpa por lucir tan bella y te reproché porqué y me respondiste: porque soy mujer", la última frase surgió de la muletilla que María evocaba en cada situación en la que se le cuestionaba su actuar.
"Al menos en tu sueño pude cumplir mi deseo", respondió María que lo tomó como una señal para cerrar el tema de una vez por todas y dejar en claro, que nunca lo volvería a intentar...al menos no con él.