sábado, 18 de julio de 2020

Un beso onírico

Durante casi un mes le dolió, María había abierto su corazón y dio el primer paso. Pidió un beso después de hacerle saber a León que le gustaba. "También me gustas- dijo él- me gusta platicar y pasar tiempo contigo, pero ¿qué vamos a hacer?, los dos estamos en una relación, aunque eres una gran tentación".
A María no le importaba, desde hace mucho tiempo se propuso no arrepentirse de nada y a partir de ese decreto no se le había presentado una situación que pusiera a prueba su compromiso con él.
Esa, la noche en que León la rechazó, María creyó que era su oportunidad, estaban lejos de donde les conocían, tuvieron una escapada de amigos, León bebió algo e invitó a María a acompañarle, pero María no quería tener la consciencia nublada, quería tener pleno conocimiento de lo que sucediera.
Pero nada pasó, León la sermoneó y al principio ella le tuvo admiración por ser fiel a su pareja, luego esa admiración se convirtió en frustración, la frustración en enojo y dejó de hablarle así sin más.
Aunque León trataba de acercarse, María no podía siquiera sostenerle la mirada, sus platicas se convirtieron en conversaciones monosilábicas y eventualmente el tiempo juntos se terminó.
El tiempo alejada, le dio la oportunidad a María de pensar, de poner su mente en calma y finalmente descubrió que aunque le dolía tendría que vivir con ello. Le gustara o no León tenía razón, ambos tenían una relación y sus respectivas parejas merecían respeto.
María no volvió a tocar el tema, pero siguió evadiendo a León en cada oportunidad que se lo encontraba, y en ocasiones le dolía pensar que a él no le importaba perder la amistad que tenían y recuperar esas pláticas interminables, los mensajes con música a recomendar y las confesiones que pondrían en riesgo sus relaciones formales.
María no quería todo de vuelta, solo quería poder ver de nuevo a León a los ojos y abrazarlo, sentir que su diferencia de edades no importaba.
María no sabía lo que pasaba por la cabeza de León, hasta que un día él le solicitó conocer los motivos de su distanciamiento, "me puedes decir porque ya no quieres ni dirigirme la palabra"; "no puedo-respondió ella a bote pronto- pero si deseas que hablemos, hablaré".
En esa reunión a verdad abierta, León trató de convencer a María que no podía perderse la amistad por un rechazo; María creyó que con eso León eludía sus responsabilidades afectivas, él no sentía lo mismo por ella ni entendía que a María le dolía sentirse humillada.
Sin embargo tomó con filosofía la plática y agradeció que León quisiera retomar su amistad, de ese modo María se propuso dejar que la chispa se extinguiera, platicaría con León, pero se mantendría al margen de cualquier coqueteo y así lo hizo.
Un día León le envió un mensaje: “Volví a soñar contigo”; la gente primera vez que León le envió un mensaje similar, el sueño había reflejado la amistad que él sentía por ella y como los sueños son carecían de coherencia, aunque no de significado. A María le hizo mucha gracia el relato del primer sueño y pensó que este sería similar ahora que ambos habían retomado la relación cordial.
Nos besarmos- soltó en corto, León-; cómo-reviró María- y él detalló la situación: había ocurrido en un parque, quizá porque muchas veces prometieron ir juntos a escribir, actividad que ambos disfrutaban; ella usaba vestido y maquillaje, de la forma en la que León nunca había visto a María porque ella prefería la comodidad extrema.
"Yo te dije que tú tenías la culpa por lucir tan bella y te reproché porqué y me respondiste: porque soy mujer", la última frase surgió de la muletilla que María evocaba en cada situación en la que se le cuestionaba su actuar.
"Al menos en tu sueño pude cumplir mi deseo", respondió María que lo tomó como una señal para cerrar el tema de una vez por todas y dejar en claro, que nunca lo volvería a intentar...al menos no con él.

jueves, 2 de mayo de 2019

Can you hear the drums...?

Estás 
y no quiero que estés,
te miro a hurtadillas 
me pierdo en la memoria
en la madrugada en que mis labios te obligaron a encontrarlos
en el nerviosismo de una avecilla liberada
que te obligué a liberar.

Estás 
no hay duda, no lo he superado
deseo de palpar con mis labios tus labios una vez más.
Estás y quisiera no sentir nada 
porque todo me sale mal
porque me es difícil articular palabra
porque mis ojos solo se concentran en tus boca
porque mi mente se pregunta si la tuya me pensará.
¿Me pensarás?

Estás 
y no necesitas más para llenar el espacio
y me sumerjo en incertidumbre si el espacio se llena de tu ausencia.
Pero estás 
y un escalofrío recorre por mi espalda.
y si me comienzas a mirar
temo que mis ojos te llamen 
y que si atiendes su pedido me sea imposible parar.


Can you hear the drums...?

jueves, 8 de noviembre de 2018

Cartas al viento

Y se alejó del mundo, pasó la difícil tarea de tener que volver a empezar...pasó el invierno en su corazón y a la primavera pensó que había encontrado el amor....
Ama sólo si sabes cómo olvidar, pero no es una opción al entregar el corazón, la creencia de la eternidad es implícita, no hay temor a errar. Así que de nuevo tuvo que olvidar.
El peso del pasado deja huellas en tu presente y a medida que te vas liberando de éste, te es más fácil caminar, primero te alejas de los lugares que te traen memorias vivas, para evitar llorar, pero cuando ya no cuesta tanto respirar al recordar, podrías intentar rescatar lo bueno que quedó de aquella pérdida.
Dejas que la razón inunde tus acciones luego buscas rescatar hasta el último fragmento de aquello que sientes se te escapa..repasas una y otra vez esperando a que se mantenga fresca esa imagen en tu cabeza, pero finalmente se escapa.
Volver al mundo no es tan sencillo como parece, varias veces piensas que habría sido más fácil cortar de tajo con lo que una vez sentiste que te dañó, si lo has superado, ya no importarán los motivos...si no al repetirse la estación te invadirá una desesperación disfrazada de nostalgia...es lo que me pasa a mí que busco cada julio las respuestas a las preguntas que nunca hice y que tal vez nunca me atreveré a hacer..¿ya para qué?.

viernes, 15 de septiembre de 2017

La duda...

Y si pretendía cuestionar mi actuar tenía lista la respuesta:
- ¿Por qué me miras así?
-Trató de asimilar tus ojos 

sábado, 29 de julio de 2017

Espirales

Abrí la puerta, salí del carro y huí de allí...no muy lejos, me senté en la acera de la primera calle oscura que vi, pensé que me seguiría, pero supongo que él tenía otros planes... y esa ha sido la única vez que dejé las cosas en paz.
Ahora no puedo, exploto, maldigo, y aún así quedan cosas adentro. 
Debo tener la razón, ser siempre la afectada y eso me hace pensar en cosas, que en los días plácidos no suelen cruzarme por la cabeza, pero que son tan específicos y repetitivos que creo estarlos memorizando como para convencerme de ellos, como para garantizar que así será.
No es sencillo siempre tener argumentos para todo, revirar, usar las palabras dichas por otros en contra suya, pero no puedo evitarlo. No hay victoria si no tengo la última palabra y hace años que no la tengo.
Y en esos momentos, como ahora, como hace 6 meses, como hace ocho años, solo puedo pensar en que no quiero soportar una más de mis rabietas porque me recuerdan que siempre prometo no volver a soportarlo, porque sé que después me parecerá inverosímil rabiar por algo tan sencillo...y luego lo olvido y vuelve a pasar.
Me hace creer que es mía la falta, porque exagero, porque no puedo dejarlo estar, porque me choca verme vencida, porque no me importa gritar y hacer escándalo y que todos se enteren que estoy furiosa, porque no me importa el mundo y su hipócrita forma de mirar hacia abajo, de reprimir y de aparentar, si no estoy bien no quiero verme bien, no quiero hablar bien, no quiero que me digan que debo estar bien.
Luego me atacan los momentos en que creo que no soy yo la responsable de mi actuar y aseguro que siempre lo vi de alguien más, porque no quiero ser yo la que en los cotidianos días se convence a sí misma haber cambiado y luego cae en sus coléricos lugares comunes.
Y llegan después las reflexiones, que me llevan a cuestionar los motivos de mi enojo, habrá sido la razón, aquella que le espeté en la cara, o hay algo oculto que no se quiere asomar y por más que escarbo me repito que sí que fue esa la razón, que sí tengo motivos, que no estoy exagerando.
Pero quiero un día dejarlo ir, dejarlo pasar, que no me importe, que no me altere, porque no me lo merezco, no puedo estar siempre así...pero pasa el tiempo y todo se vuelve a repetir.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Tentaciones

Él lo propone como si fuera una opción que nunca cruzaría por mi cabeza, quizá lo dice con cierta ironía, porque siempre, en algún momento del día esa se convierte en mi mente en la única opción, pero me falta ser más egoísta.
Él me reta con sus sugerencias, espera que acceda a sus caprichos momentáneos, y con ello comprobar que tenía razón, que siempre deseé que fuera de esa forma. 
Yo lo pienso, y lo he dicho antes, siempre en algún momento del día me pregunto qué sería de mí si no fuera yo, qué sería de él si yo no hubiera sido yo.
Qué sería de él...si hubiera sido yo y de mí si él no hubiera sido quién es en este instante.
Pero él lo toma como una afrenta personal, como un obstáculo a vencer y me provoca, me lleva a repetir una y otra vez la discusión que ya creo haber superado, el camino del que todavía salgo espinada, al que no me gusta regresar.
Pero él deja que lo venza la idea y fórmula una y otra vez historias que solo existen en la suposición, en la posibilidad y en las malas jugadas de la mente. Pide caer en la idea, le gusta caer en la idea de que eso quiero y hubiera querido. 


viernes, 1 de julio de 2016

Mi puberto matrimonio

Si he de ser sincera, cumplir 10 años de matrimonio ha sido para mí un golpe duro, (sobre todo cuando gritaste a los 4 vientos que querias que tu realidad fuera diferente). El día de ayer, que entendí había superado todos esos momentos de duda, no supe qué rostro poner.
Primero pensé que el tiempo pasa muy rápido porque aún recuerdo la primera vez que hablamos de compromiso de por vida, porque veo que apenas había recorrido dos décadas de vida y ya estaba segura de que, mi ahora esposo, debía ser mi compañero para lo que me resta de existencia.
Luego sentí una extraña felicidad, producto de haber alcanzado una meta, quizá no propuesta, pero no muchas parejas de "ahora" llegan a 10 años juntas. Y porque esto, de seguro le dio en la cara a quienes creían que lo nuestro no duraría (incluso a mí).
Luego me invadió la melancolía, ha sido lo más pesado de superar porque no soy, y no he sido una esposa perfecta, disto mucho de haber cumplido algunos cánones en los que se encuadra a las esposas: soy egoísta y no se necesita más para no ser una perfecta mujer.
Entonces, en mi afán por encontrar momentos en nuestro matrimonio que sean dignos de presumir, me sentí ignorante, dudosa, culpable, no he logrado nada.
Fui sincera con él, le dije que sí, habíamos llegado a los 10 años de casados, pero de este tiempo solo recuerdo lo que hice, lo que yo hice.
Pero él como muchas veces me recordó porqué seguimos juntos, porque él no se ha rendido en demostrar que solos no habríamos alcanzado pequeñas metas individuales, para gusto de muchos quizás insignificantes.

Así las cosas...